miércoles, 3 de diciembre de 2008

Fanny Van Laere


Mi amigo Gelu Marín tiene a bien obsequiarme con un libro muy valioso: Renacimiento y purificación espiritual. Claves para la sanación y la inmortalidad física. Su autora es Fanny Van Laere, pareja de Gelu, y una inteligente, sensible, dulce y preciosa mujer a la que Rosa María y yo conocimos en Madrid hace unos meses. El volumen ha sido publicado por Visión Libros en 2008. Se trata de una introducción a muchos temas que pueden desarrollarse de una forma experimental (para llevarlos a sus cumbres, no hace falta decirlo, es imprescindible meterse a fondo con una verdadera maestra) y de cuyo provecho se captan destellos al realizar algunos de los ejercicios que se nos sugieren en la obra.
Fanny Van Laere es una de las mayores especialistas mundiales en la técnica del rebirthing, es decir, del renacimiento de nuestro yo profundo a través de un mecanismo tan a la mano y usual como es la respiración. El ser humano respira mal (si en verdad respira, pues las más de las veces sólo renovamos el aire) y muchos de los traumas y enfermedades se cuelan por ese dar la espalda al flujo constante de la vida y por nuestra ¿inconsciente? negativa a llenar nuestros pulmones con plenitud.
Ésa es la finalidad, tal y como dice Fanny en las páginas iniciales, de las sesiones de respiración: desbloquear el mecanismo respiratorio y aprender a respirar energía. Hay personas –lo afirma Fanny y yo he conocido a una mujer que lo atestigua en su carne– que viven o han vivido largos periodos de tiempo alimentándose sólo de aire, sin por ello caer enfermas o presas de debilidad. No se trata de ayunar, sino de saber aprovechar la energía que malgastamos en nuestras raquítica aspiraciones.
Renacimiento y purificación espiritual abre la puerta a muchos movimientos, disciplinas y teorías que entroncan con lo que se dio en llamar New Age. La bibliografía que Fanny adjunta al final, con referencias a Ramtha, Un curso de milagros, Sondra Ray o James Redfield, deja ver esa querencia. En un momento de diálogos interreligiosos donde sólo parece que dialogue el islam con el catolicismo, siempre es grato abrirse a espacios como el de estos autores, los cuales nos muestran que los caminos siempre se entrecruzan.

Addenda
Una amiga que ha debido leer la anterior entrada nada más colgarla me envía un simpático y breve SMS en el que me pregunta por qué al definir a Fanny Van Laere (inteligente, sensible y dulce), he tenido que añadir el calificativo de “preciosa”. Ve en ello cierto toque machista (¡¿?!), como si la belleza hubiera de ser una condición necesaria para que una mujer fuera valorada.

Sin embargo, mi amiga ha cometido un grave error, pues ha demostrado no haber leído el resto de estas páginas. De haberlo hecho, se habría dado cuenta de que también me he referido en otras partes a “guapísimos actores” (en masculino) y a “bellos” (también en masculino).
Me encanta que los actores sean excelentes (que lo digo) y que Fanny sea inteligente y sensible (cualidades necesarias para realizar su labor), pero yo no tengo ninguna culpa de que a esos logros internos los acompañe una presencia física que mis estándares estéticos captan como sobresaliente.
Lo peor es que cuanto asevero de otros no se puede afirmar de alguien feo, gordo, calvo y viejo como yo. Pero no penséis que tal cosa me atormenta. Soyons heureux!