lunes 23 de marzo de 2009

Dietario


Desde que he regresado de Gibraltar, sólo escucho música. Bueno, miento: leo también, escribo, dejo reposar ideas, me entristecen los libros que tengo arramblados durante años, deseo la llegada de la luz hasta muy tarde… Hoy he empezado a corregir, ya en serio, mi diario 1999-2005; saldrá, si los Dioses quieren, en un solo volumen. Lo malo de este género es que te envicia, te aboca a ti, y observas el mundo como un espacio donde tú evolucionas. Sigo, para variar, prendido de la Belleza; no con los arrebatos juveniles, sino con la ataraxia de la madurez: no hay deseo hacia el futuro, sino rabia por el pasado. Incluso establezco relaciones extrañas con decisiones que tomé en los años prometedores y se quedaron en palabras sobre el agua. No se arrepiente uno de la vida que tiene, sino de no tener mil vidas paralelas. Pero aunque me deje llevar por la imaginación en poemas nunca escritos, no consigo columbrar la magia de los veinte años, la fruición de los deseos libres de todo futuro, cuando buscábamos el amor y este era un éxtasis, el punto final, la conclusión de la historia, y la felicidad se eternizaba para siempre. Tal vez es mejor que no me introduzca por esta senda, pues a lo mejor siempre añoramos lo que nos destruiría.