
Hace ya varias semanas (¿hará meses?), Lawrence Schimel me hizó llegar por e-mail su primer poemario, Desayuno en la cama (Madrid, Egales-Desatada, 2008). Sin embargo, fetichista que es uno, no paré hasta tener el libro en formato papel. No lo encontré en mi ciudad, pero sí en la librería Berkana de Chueca. Sólo así, acariciando el libro, pasando las hojas hacia delante y hacia atrás, cotilleando los créditos y observando las fotos, pude hacer mío este volumen. Poemas de amor entre hombres, de sexo y de deseo, aunque sobre todo poemas de desamor, y de tristeza, y de una clara sensación de desvalimiento: Me doy cuenta de que no sólo / viajo solo sino que / estoy solo. De Lawrence conocía buena parte de su obra narrativa (su delicado y brillante Mi novio es un duende me encantó), y también su cómic Vacaciones en Ibiza, que presentó hace más de un lustro en el Colectivo Lambda de Valencia junto al dibujante Sebas. En aquel tiempo aún estaba abierta la librería El Cobertizo, que por desgracia no pudo seguir creando espacios de cultura y libertad sexual. En Palmart estuvimos incluso a punto de publicarle un cuento a Lawrence, pero fue una época bastante dura, con la desaparición de dos socios y casi el cierre definitivo de aquel proyecto editorial que aún pervive aunque sea con mucho amor y sacrificio. Por eso me alegra tener en las manos este nuevo libro de Lawrence (¡un guapo chico neoyorquino viviendo en Madrid!: el mundo al revés) y penetrar en su universo vivencial. Publicar un libro siempre es ofrendarse a los lectores. Espero, en contraprestación, que todos sus sueños crezcan, como la rana de sus versos, en príncipe.


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