
Domingo de actividad y sosiego. Madrugón a las ocho de la mañana tras haberme acostado casi a las cuatro. El motivo, las horas de charla, compartir y amistad que disfrutamos con Amparo Salinas y Alessandro Morello. Sin embargo, al volver a casa aún me quedé estudiando la partitura de la performance Iter, prevista (y realizada) para las 10:00 h. de hoy domingo. He notado cierto cansancio, pero no ha sido en exceso. Al llegar a la catedral, Netele Fuentes ya llevaba doce minutos de reloj aguardándonos. Los puestecitos de cerámica y souvenirs ya estaban a la espera de los turistas, y algunos de estos empezaban a traginar por el centro histórico. Netele y yo hemos leído la partitura, hemos ensayado los toques del triángulo, hemos realizado mentalmente el trayecto circunvalando la muralla romana y nos hemos revestido con la ropa destinada a Iter. Como en todos los momentos previos a una de mis acciones, no soy consciente de estar llevando a cabo un acto artístico, sino un ritual religioso. A ello se añadía que se trataba de la primera performance que acometía en mi ciudad, y también la primera que vinculaba de manera clarísima con mi pasado, con nuestro pasado, con aquello de lo que me siento heredero (de lo único que me siento heredero tras más de dos milenios): Roma (y Grecia, por supuesto). Iter ha tenido una duración aproximada de 35', y de ella podéis leer explicaciones y ver fotografías (excelentes imágenes de Rosa María Rodríguez Magda) en la página que he habilitado para ella: http://iterlainez.blogspot.com/ En cada paso, estábamos realizando el camino de la historia, y no sólo era un treno por la Europa antigua y por los Dioses durmientes, sino también el deseo de que ambas cosas vuelvan a ser parte consustancial nuestra.
Tras Iter, hemos comido juntos, pensando en nuevos proyectos e ideando nuevas formas de establecer relaciones estéticas con nuestro interior y nuestro mundo, hemos visto las fotografías de Rosa María, y hemos visionado el film de Fernando Arrabal El cementerio de automóviles. Después las obligaciones, y la tarde del domingo, han impuesto su cadencia hasta este anochecer. El único susto la bajada de azúcar de mi madre, que afortunadamente controló. Mañana he de comer con ella y con mi abuela, y eso siempre es maravilloso.
Fotografía de Rosa María Rodríguez Magda: Iter, de Josep Carles Laínez (el autor y Netele Fuentes).


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