lunes 8 de junio de 2009

La muerte del padre


Acabo de recibir unos cuantos ejemplares de mi último libro hasta la fecha: La muerte del padre. Se trata del diario que escribí en 2006, durante la enfermedad y fallecimiento de mi padre, tal y como reza el título. Aquellos días fueron, usando un lugar común, un verdadero infierno. La muestra son estas páginas redactadas aquí y allá, a las cinco de la mañana y a las tres de la madrugada, en español o en asturiano, en valenciano o en portugués, en Madrid o en Valencia, en Encamp o en Saelices. La muerte del padre es un diario, pero también una obra programática, donde la imagen de lo caótico, de lo que no tiene ningún sentido, de lo que nos zarandea, adquiere un papel preponderante. No disfruté en su escritura, y prácticamente es lo único que hice en aquel tiempo. Sin embargo, me siento muy satisfecho de él. Valga la paradoja, es una obra llena de vida. Además, gracias a esa toma de conciencia del género dietarístico empecé a trabar todos mis dietarios desde 1998 hasta aquí. Estoy en proceso de edición: buscando anotaciones en libretas diversas, unificando criterios de cita y toda esa labor tan ardua y tan poco agradecida. A ver si el año que viene puede salir mi dietario 1998-2005, aunque en él hay muchos huecos, y faltan también innumerables cosas importantes. Sin embargo, no voy a adelantarme. Ahora quiero disfrutar de este libro de dolor, que aún me sigue amargando por cualquier página.