lunes 27 de junio de 2011

Pedro Gandía

Odisea, una de las principales editoriales españolas de literatura gay, acaba de sacar a la luz la novela La Habana y después de Pedro Gandía, quien, a pesar de sus orígenes castellanos, lleva toda su vida afincado en Valencia. La hemos presentado esta tarde en la FNAC, y habían publicitado el acto con palabras semejantes a “¡Ven a celebrar el Día del Orgullo Gay con nosotros!”.
De Pedro Gandía, artista pluridisciplinar, conozco fundamentalmente su poesía y su fotografía, aunque una de sus esculturas tiene un lugar de preferencia en mi despacho. Nos conocimos cuando ambos íbamos a publicar en la colección “La Torre de Papel” y en la mítica revista Ojuebuey, promovida por el escritor valenciano-nicaragüense Ricardo Llopesa, quien también estaba esta tarde en la mesa. Esto sería en 1990. Desde entonces, y cuando sus viajes y nuestros compromisos lo permitían, nos veíamos y hablábamos de literatura, de poesía, de cine, de grupos de música… En fin, de arte, pero no del que se plasma en algo material, sino sobre todo del que se vive con la acción.
Desde sus primeros poemarios hasta los más recientes (sin contar el inédito, que pronto aparecerá bajo el sello de la prestigiosa DVD) Pedro y yo hemos compartido la atracción por una estética y por cierto frémissement de la vida. La búsqueda de la belleza y el culto a la misma como forma de un ritual paganizante que nos arrastrara hacia cotas más sublimes que las del mundo cotidiano y sus imposiciones vulgares.
La poesía de Pedro Gandía es sensorial y preciosista, como su obra fotográfica y pictórica. Rayos de luz, fulguraciones de ojos en la noche, curvas de color miel… Es también en muchos sentidos experimental (sus primeros poemarios o el que tiene en catalán: Hèl i xs), por cuanto lo discursivo no le resulta suficiente para expresar todo un mundo que, conforme ha pasado el tiempo, se ha ido haciendo más comprensivo y abarcador.
La Habana y después es su nuevo título de narrativa tras Burdel (2000), y para quien conoce a Pedro, es muy difícil deslindar dónde está el escritor, el narrador y el personaje. Esto sucede con Álex, el protagonista, de la novela, a quien yo veo como un claro trasunto de Pedro, y sobre todo cuando se pone a dar detalles sobre una hermana suya o sobre su amigo Josep Maria Ribelles, un gran poeta valenciano que murió de sida hace no tanto tiempo, y a quien se habría de revisar.
De La Habana y después me ha gustado sobre todo su visión pansexual del mundo. Algo que he intentado transmitir en mi artículo “Aire nuevo para la literatura gay” de Diariocrítico de la Comunidad Valenciana. En él esta dicho, y no me repetiré.
La presentación supongo que ha gustado. Compartir mesa con dos amigos de hace tanto tiempo, de cuando uno soñaba en verso y pretendía convertir la vida en poesía a toda costa, ha sido un placer. Y reencontrarse con otras personas con las que compartiste risas y libros. Como guinda, al salir del acto, el encuentro casual con otro íntimo, y también escritor, Juan Soler.